martes, 17 de noviembre de 2009

Catón y la reportera de Al Día




Ese día venía del panteón.
Era 21 de junio, día del padre y como ya es costumbre, fui a ver quién le lloraba a su jefe en la tumba o a indagar si las flores habían subido de precio.
Entre la sensación extraña que da cubrir a los que recuerdan una pérdida y pensar que las preguntas ‘llegadoras’ surtieron efecto, estaba a punto de regresar al periódico a escribir mis tres notas “de ley”, que si acaso ocuparían las planas cuatro y cinco, después de la publicidad de la Cruz Numerológica.
Pero como si se tratara del 'espíritu santo', algo iluminó mi pensamiento: recordé que Catón estaría en la Feria del Libro firmando algunos de sus libros y prácticamente cerrando el evento.
Le mandé un mensaje a mi hermana Miriam, quien se confiesa admiradora del viejito.
He de confesar que hasta ese momento no conocía a Armando Fuentes Aguirre, sólo por sus chistes fogosos publicados en Reforma, que por la crítica sintética acompañada siempre de un poema romántico llegador que hace todos los días.
Faltaban dos semanas para las elecciones y pensé que podía darme una crítica muy a su estilo, antes de la presentación de su libro "La otra historia de México II" que venía a exponer.
Aunque nada era seguro.
“Ya está aquí, anda recorriendo los pasillos”, me respondió una de las chavas del staff de la Fenal, después de que le pregunté la hora en que llegaba el Catón.
“Es una cabecita blanca”, me dijo, una vez que supo que yo no tenía ni idea de cómo era.
“Quién sabe si quiera, él dijo que no quería hablar con los medios”, agregó la chava después de que se enteró de mis intenciones.
Finalmente me decidí a buscarlo.



Caminé un pasillo, y en el segundo lo vi paseando solo con su guayabera blanca, las manos atrás y junto a él un ayudante que parecía su cargador, pues se dedicó a sostenerle todos los textos que compró en la Feria.
Con algo de nervio me acerqué sonriente y él, sin saber que era reportera, me saludó de mano y me dijo que estaba contento de visitar León.
Le planté lo de la entrevista y aceptó “con mucho gusto”, dijo.
Primero hablamos de su libro.
En dos ocasiones la entrevista se interrumpió por dos de sus fans que lo saludaron y le pidieron una foto, a lo que Catón accedió amablemente.
Comenzamos a hablar de las elecciones y en dos minutos el columnista más leído de México ya había despotricado contra los candidatos.
Le di las gracias y le pedí una foto. Todavía no podía creerlo.
Le pasé mi cámara al cargador y ahí quedó plasmada la que se convertiría en una de mis imágenes favoritas que todavía presumo en el Facebook.




Faltaban 20 minutos para que iniciara su presentación y lo seguí hasta que me aseguré de que mi información era exclusiva.
"Ya parezco su guardaespaldas", le dije bromeando, quería que supiera que mi intención no era fastidiarlo.
"Uyy, pues entonces qué guardaespaldas tan guapa", contestó sonriente mientras el cargador se sonrió también conmigo.
Se quedó un buen rato en la sección de los libros católicos, firmó algunos otros, se tomó fotos y siempre, siempre, fue humilde y sonriente con sus “nueve lectores” que se acercaron a saludarlo.



“¿Por qué Catón?”, le pregunté antes de que ingresara al salón donde daría la plática.
“Porque Catón fue un personaje romano que criticaba la política”, me respondió mientras veía la sección de niños.
Al final, compré “Sube y baja”, un libro de puros chistes suyos y en la segunda página me lo firmó con dedicatoria para mi papá. Al final, era día del padre, aunque sentí que la que había recibido el mejor regalo había sido yo.



















1 comentario:

  1. la narrativa que manejas es muy interesante, pues acaparas la atención del lector, con tu descripción y tu manera tan particular de escribir. Muchas felicidades, nunca había disfrutado tanto de leer una nota...

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